
Hace unas semanas salió publicado un breve artículo sobre audio y ecualización en la página web www.hispasonic.com una interesantísima web enfocada al mundo del audio, con tutoriales, blogs, foros, entrevistas, pruebas de productos y un largo etcétera.
Normalmente, los locales donde nos reunimos carecen de todo tratamiento acústico… o bien tienen excesivo eco, o son locales muertos acústicamente… Y en un momento, éstos se llenan de gente y de instrumentos de todo tipo… se cantan canciones, cantan solistas, coro, congregaciones… pianos, baterías, guitarras, percusión, palmas, predicaciones… si no cuidamos con mimo el sonido de acuerdo a las características del local y de lo que está ocurriendo dentro, corremos el serio riesgo de convertir las reuniones de adoración a Dios en una bola de sonido donde no se distingue absolutamente nada y sólo conseguiremos un profundo malestar entre la gente bien por el ruido excesivo, bien por “¡que no se oye!”.
Recordemos además que la Iglesia está compuesta de gente de todas las edades, condición social, gustos musicales y “volúmenes”… esta mezcla humana hace que nuestra mezcla de sonido sea vital.
No importa cuánto sepas de sonido y audio, no importa si tienes un equipo del 150€ o de 150.000€… si no entiendes que, en último término, la tecnología que estás usando es un mero instrumento de servicio a la congregación, estarás usando los recursos de los que dispones de una manera errónea…
Si eres de los que maneja el sonido, puedes hacerte una serie de preguntas ùtiles: la primera y la más importante…
- ¿Estoy realizando esta labor como un servicio a Dios y a mis hermanos con un corazón adecuado?
No se trata de espiritualizar “faders y potenciómetros”, sólo pesar que es importante tener claro que nuestra labor no es para satisfacer nuestras necesidades, sino para ofrecer a Dios un sacrificio de alabanza entre interfaces, cables, micros y ecualizaciones… así es… porque así también damos gloria a Dios. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Col. 3: 23… ¡hasta ecualizar!
Otras preguntas importantes serían:
- ¿Estoy preparado antes de empezar una reunión?
- ¿Estoy consiguiendo un sonido natural con la mezcla? ¿Está el sistema de sonido amplificando el sonido del grupo o cambiándolo?
- ¿Entiendo bien las letras de las canciones? ¿Las entenderá la congregación?
- ¿Oigo bien al predicador? ¿Lo oirá bien el señor mayor sentado en la última fila?
- ¿Puedo ver cada instrumento y oirlo? (Los ojos son muy buenos “oídos”).
- ¿Se consigue un sonido agradable o, por el contrario, demasiado abrasivo?
- ¿Estoy dispuesto a satisfacer las necesidades del director/ grupo aún por encima de mis propios intereses o gustos?
- ¿Tengo claro que trabajo al servicio de Dios – el director de música – la congregación?
- etc.
Si eres el director musical, cantante o instrumentista, la primera pregunta sería exactamente igual que la primera pregunta para los técnicos de sonido. Pero otras preguntas interesantes a tener en cuenta serían:
- ¿Oigo a la congregación cantar? ¿Se oye la congregación a sí misma?
- ¿Oigo a los instrumentistas y/o cantantes?
- Está el batería utilizando demasiados platos… tanto que pueden llegar a molestar a las personas mayores?
- ¿Tengo contacto visual con ellos y con el técnico de sonido?
- ¿Soy capaz de comunicarme con el técnico de sonido sin necesidad de hablar? ¿Hemos desarrollado un lenguaje de signos simple?
- ¿Tengo muy en mente que la persona más importante en la sala es el Señor… y la segunda, el técnico de sonido?
- ¿Soy consciente de que, aunque tengo la última palabra, estoy dispuesto a escuchar y aceptar los consejos de los demás?
Estas son sólo algunas de las preguntas que, en algún momento u otro, tendríamos que hacernos.
Aquí está el artículo: La Mezcla
Bendiciones,
alavanza